lunes, 23 de noviembre de 2015

Manuales para preparar el dictamen

A veces se dice que con los temas es bastante para preparar el dictamen, pero cada academia o cada preparador suministra textos, propios o ajenos, con los que se profundiza respecto del contenido de los temas. Lo típico es, a partir de esos textos, hacerse unas "fichas" que permitan repasar con facilidad cualquier cosa, desde las excepciones del 34 LH hasta los problemas que plantea el 831 CC. Ya he comentado en la entrada anterior que es probable que el escritorio del opositor se inunde en esta época de temas de restringidas, resoluciones, sentencias, comentarios a las sentencias, resúmenes de los comentarios, sentencias sobre resoluciones y quién sabe qué más. 

En mi caso, cuando aprobé el segundo ejercicio me facilitaron en la academia dos carpetas gigantes que fui a fotocopiar y de las que no pude leer ni la tercera parte. Ojo en este punto con la vigencia de lo que se esté leyendo, porque "una palabra del legislador y bibliotecas enteras se convierten en basura", que dijo aquél.

En una y otra gestoría venden libros orientados a ayudar a la preparación. Yo me hice con un par de libros: Cómo hacer dictámenes, de Manuel González Meneses y Dictámenes resueltos para oposiciones a notarías, de Ruperto I. Martínez Martínez. Con el primero aprendí algunas cosas, pero no está orientado solo al opositor sino, en general, a cualquiera que tenga que hacer un dictamen. Probablemente, ese enfoque (se subtitula "ensayo sobre la formación del jurista") le quita interés para el opositor que solo tenga tres o cuatro semanas para preparar el tercer ejercicio. En cuanto al libro de Martínez Martínez, no tuve tiempo para leerlo.

Recientemente han aparecido dos novedades interesantes: Dictámenes I, de Eduardo Llagaria, y el Memento Experto Casos Prácticos, de Isidoro Lora-Tamayo Rodríguez. He comprado y leído fragmentos del primero y he podido acceder al índice y a un capítulo del segundo.

Llagaria fue el presidente de mi tribunal, así que, en su momento, los dictámenes escritos o corregidos por Llagaria eran una especie de santo grial, tanto por las expectativas que generaban, como por la dificultad en encontrarlos (¡recuerdo buscar sus apellidos en la caché de Google!). Encontrar ahora una recopilación encuadernada de sus dictámenes ha sido una sorpresa. Sigue siendo un libro utilísimo, pero, claro, no puede ser lo mismo.

Son unas 1000 páginas en las que se incluyen (i) consejos sobre la redacción del dictamen, (ii) ideas generales sobre la eficacia del negocio jurídico, principios fundamentales del tráfico jurídico, la capacidad de la persona, tipos de comunidad y llamamientos frustrados y, (iii) finalmente, los dictámenes: el de Alberto y Esperanza, el de Fulgencio y Nicolasa, etc. Hay soluciones, pero no están redactadas con forma de dictamen. Más bien son guías para resolver el caso, repletas de preguntas retóricas, esquemas, consejos, etc. El propio Llagaria es consciente de su enfoque personalista ("esto último es lo que pienso realmente [...] pero no es tesis 'oficial', o al menos no es mayoritaria"). Hay pocas resoluciones y sentencias y algunas referencias a autores concretos.

Al ser un recopilatorio de textos aparecen cuestiones que tuvieron mucho interés en su momento, como la adopción plena y menos plena, pero que quizás hoy solo son relevantes si se plantean casos de derecho transitorio.

El autor emplea un estilo cercano y directo al opositor, tuteándole incluso ("es innecesario que os diga...", "fíjate la doctrina del 1322..."). Hay expresiones coloquiales ("¡Tatachín...!"), ideas que se refuerzan ESCRIBIÉNDOLAS EN MAYÚSCULAS y también algunas erratas o errores de edición (por ejemplo, párrafos repetidos).

Se puede comprar por gestoría o directamente en el Colegio Notarial de Valencia.

El libro de Lora-Tamayo es muy diferente al de Llagaria en contenido y forma.

En cuanto al contenido, se "limita" al derecho de sucesiones. Eso sí, se aborda todo el derecho de sucesiones o, por lo menos, se recorren todos los temas del 106 al 135 del civil de notarías. Está concordado con el nuevo programa, pero eso al que ahora está en el tercer ejercicio no le debe preocupar.

Ignoro si hay alguna recomendación previa sobre cómo hacer el dictamen. Puede que de eso traten las palabras introductorias "El método Isidoro", "De la nada sale el todo" o la propia presentación del autor. Según el índice, estas presentaciones abarcan unas 100 páginas. No las he podido ver.

En cada tema se plantean casos prácticos con un estilo muy de dictamen (así, los hijos de B se llaman B1 y B2). Se plantean los problemas y sus soluciones, se comentan argumentos a favor y en contra y se completa el tema con extractos de sentencias o resoluciones relevantes. El estilo desde luego no es coloquial, sino formal, neutro; probablemente sea más conforme con lo que se espera en un dictamen. Se puede comprar aquí, por ejemplo.

Comentarios, como siempre, bienvenidos.

Suerte.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Ideas sobre el dictamen

Madre mía el dictamen. Las tres peores semanas de mi oposición transcurrieron entre el dictamen y la nota. Comentaré ese momento cuando llegue. Ahora coloco aquí unas ideas sobre la preparación del dictamen.

El dictamen lo llevará más y mejor preparado quien haya aprobado antes el segundo ejercicio. Primero, evidentemente, porque ha tenido más tiempo. Cuando yo aprobé mi segundo ejercicio y me integré en un grupo de dictámenes, había muchos problemas que no aparecían en mis temas y que los demás ya habían tratado en dictámenes anteriores: el conflicto entre el 164 y el 166, que lo "nulo" se puede reconducir a "incompleto", los embargos circulares y muchas otras cosas. ¿Cuántas más cosas saben los demás que yo ignoro? No se sabe.

Aprobar antes también permite acceder a mejores grupos de preparación de dictámenes. Los grupos se van completando a medida que transcurre el segundo ejercicio y por tanto quien aprueba más tarde se encuentra con grupos que ya están cerrados. En los grupos en los que todavía hay sitio, por otro lado, es probable que ya se hayan repasado bloques enteros: "ya vimos en los dictámenes de derechos reales que...".

Aprovecho aquí para mandar un fuerte abrazo a mi grupo de preparación y a mi preparador de dictámenes. Menuda paliza se dio el hombre, quitándole tiempo a su familia y a su despacho.

Otro problema para el que llega tarde es que la corrección de un dictamen por el preparador no suele constar por escrito. Cada opositor trabaja en su dictamen y el día de la corrección cada uno lee una pequeña parte de lo escrito y se ponen en común unas ideas bajo la dirección del preparador. Por tanto, si en el grupo ya se hicieron los dictámenes de las oposiciones de Madrid, Sevilla, Granada y La Coruña, es poco probable que uno pueda acceder a unas soluciones escritas.

Más. Tuve la impresión durante la preparación del dictamen de que el compañerismo se reduce. Ya no estamos todos en el mismo barco y si suspendes tú a lo mejor apruebo yo (cosa que en los orales no se nota nada o casi nada). A esto se le une un ambiente de misterio y secretismo. Hay preparadores que exigen firmar compromisos de confidencialidad, hay reuniones que se convocan a última hora y de las que solo se enteran algunos, hay fichas y resúmenes que circulan con contraseña, esta sentencia te la paso a ti pero no a él, etc.

Aparece un síndrome de Diógenes jurídico. Todo es interesante y de todo quiero fotocopia, que ya me lo leeré. De repente aparece en la mesa de estudio una montaña de resoluciones, artículos, temas de oposiciones entre notarios y textos de todo tipo (¡algunos repetidos!) que no hay tiempo material de leer. Conviene mantener la calma y no morder más de lo que se pueda masticar.

En cuanto al fondo del dictamen, dos claves: terminarlo y no decir ninguna barbaridad. Terminarlo implica llegar a tratar el último problema y, sin duda, meter todas las hojas en el sobre, lo que ahora parece una obviedad pero eh, ojo con eso cuando llevas 5 horas y 58 minutos de dictamen.

En cuanto al esquema, me recomendaron hacerlo así: (i) exponer el problema y sus posibles soluciones, (ii) dar argumentos para la solución A, (iii) dar argumentos más convincentes para la solución B, (iv) elegir la B y a por el siguiente. Ejemplo:
Miguel tiene un hijo de 12 años, Eusebio. Miguel se va de viaje un par de meses y le ha dado un poder a su vecino Bartolomé para que ejerza la patria potestad sobre Eusebio en lo relativo a la gestión y disposición de un barco que Eusebio recibió por donación verbal de su tía Vicenta. La sociedad Much Investments, S.L. quiere adquirir el barco y quiere saber qué tiene que hacer.
Una posible contestación consistiría en dar una redacción en castellano inteligible al siguiente esquema:
La adquisición por Much Investments, S.L. del barco plantea las siguientes cuestiones:
1. La validez de la donación verbal de un barco. En contra, la posible asimilación con un bien inmueble y la Ley de Navegación Marítima que exige forma escrita para la adquisición de los buques. A favor, solución por la que nos decantamos, que se trata de un bien mueble, una interpretación favorable a la validez de los negocios jurídicos y la consideración como forma ad probationem (y no ad solemnitatem) de lo dispuesto en la LNM en este punto.
2. Si un menor de edad puede aceptar una donación. En contra, el 1263 CC. A favor, el 164 CC. 
3. Si cabe la delegación de la patria potestad. En contra, el carácter personalísimo de la función. A favor, que no se delega el cargo sino las facultades, con carácter delimitado en cuanto al objeto y en cuanto al tiempo. 
En consecuencia, entendemos válida la adquisición del barco por Eusebio y que Bartolomé venda, con la correspondiente autorización judicial (166 CC), el barco a Much Investments, S.L. 
Si en un dictamen aparecen 50 problemas como los anteriores (y esa es la tendencia en las últimas oposiciones) resulta dificilísimo, en 6 horas, detectarlos y solucionarlos todos, sin caer en debatir problemas que no existen ni en omitir los más importantes.

En fin, que el asunto tiene miga.

Ánimo.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Cómo mejorar la oposición a notarías

La oposición a notarías es una cosa brutal y con frecuencia se oyen y leen propuestas para "humanizarla", "atraer talento" y, en general, mejorarla. Me comentan por varias vías que están en estudio algunas propuestas (¡justo ahora que hay nuevo programa!) y no me resisto a apuntar algunas ideas. Primero señalaré los aspectos que convendría mejorar y luego posibles soluciones.

Aspectos que mejorar

1) Periodicidad. Tras suspender un examen el opositor no sabe cuándo tendrá otra oportunidad. Puede que en 6 meses convoquen o puede que no vuelva a examinarse hasta dentro de dos años. "¿Me apunto a registros? ¿Me pongo a trabajar un año? A ver qué comentan las gestorías".

2) Incertidumbre en las fechas de los orales. El sorteo tiene lugar un mes antes del primer oral así que, a un mes de empezar, nadie sabe el mes en el que se examinará. A un mes de examinarse, nadie sabe la semana. A una semana de examinarse, nadie sabe el día: te pueden llamar un miércoles y examinarte un lunes. E incluso en el mismo día del examen, no se sabe si todos se retirarán y te examinarás a las 17:00 o si todos "aguantarán la hora" y entrarás a las 21:00.

Eso de llamar a 16 para el lunes, que vengan los 16 a presentarse al bedel y que éste te diga "tienes a 10 por delante, yo creo que no te toca pero quédate por aquí" me parece innecesario. Peor, me parece una ventaja para el que va el primero y se examina "fresco" frente al que se echa la tarde-noche en el pasillo y le dicen "vuelva usted mañana".

3) Uniformidad de criterio. ¿Qué se pide en un tema de urbanismo? ¿Cuánta profundidad necesito en los temas de foral? A algunos les parece enriquecedor que cada academia tenga sus propios temas para la oposición y que luego cada opositor los ajuste a su gusto o al del preparador. Esto provoca que a mí me parezcan importantes las disposiciones transitorias de la LAU y otros crean que eso no tiene ya ningún interés.

Que un tribunal te apruebe por la literalidad y otro te suspenda porque has dicho los artículos pero parecía que no los entendías. Que un tribunal te exija 6 minutos de contenido concreto de fiscal y a otro le valga con los principios tributarios. Que uno admita 22 minutos de censos y otro te excluya por ello. 

Posibles soluciones.

1) Periodicidad. Sería estupendo que un año se convocara registros y al siguiente notarías. Mejor aún, la aproximación de programas entre notarías y registros plantea la conveniencia de unificar ambas oposiciones. Son profesiones distintas, sin duda, pero también son profesiones distintas la de juez y la de fiscal y se accede por el mismo camino.

2) Incertidumbre en las fechas de los orales. Aquí hay varias cuestiones.

Quizás convendría que hubiera 4 o 5 meses entre el sorteo y el primer ejercicio, para tener margen de maniobra.

Quizás no es necesario hacer un sorteo específico para notarías y seguir el régimen general previsto para el Personal al Servicio de la Administración General del Estado. El 11 de febrero de 2015 se publicó el resultado del sorteo correspondiente y se dijo que:
el orden de actuación de los aspirantes en todas las pruebas selectivas en la Administración General del Estado que se convoquen desde el día siguiente a la publicación de esta Resolución, hasta la publicación del resultado del sorteo correspondiente al año 2016, se iniciará por aquellos cuyo primer apellido comience por la letra «J».
Si me apellido García ya sé que iré de los últimos y si me apellido Jiménez iré de los primeros, sin necesidad de esperar a que queden 30 días para empezar.

Quizás convendría que hubiera un test, de forma que hubiera menos opositores para el oral y se redujera el perturbador efecto de "no tengo ni idea pero me apunto". Hay opositores que van por primera vez, con una bola acumulada, cantan un tema y se retiran. Han pagado la tasa y están en su derecho. Yo mismo he recomendado esta práctica, como entrenamiento, porque la veo útil para el opositor pero, para el sistema en su conjunto, no veo la ventaja de que haya opositores que se apuntan y no van o van pa ná

Quizás no sea necesario poner un test. Quizás basta con llamar a 4 por día y asumir que, si no viene nadie, pues no ha venido nadie, pero si a usted le llamé calculando que le tocaría el jueves no hace falta que venga el martes por si acaso.

3) Uniformidad de criterios. En notarías, a diferencia de otras oposiciones, no hay un temario comúnmente utilizado. Hay oposiciones donde la costumbre es "estudiar por carperi" (¿registros?) así que, más o menos, todo el mundo sabe qué es exigible. Precisamente, ahora que estamos en una época de renovación del temario se observa claramente cómo cada academia, cada grupo de preparación, cada opositor, va a su aire.

Algo que podría ayudar a esa uniformidad de criterios es una estabilidad en el tribunal. Cuando leía entrevistas a grandes del notariado solían decir que habían estado en 3 o 4 tribunales de oposiciones. Según leo en la web del Ministerio de Justicia, el actual DGRN, Gómez Gálligo, ha sido seis (¡6!) veces Presidente del Tribunal de registros (y una más, Secretario). Parece que esto ayuda a la estabilidad en el criterio del tribunal. Seguramente esta práctica tiene algún inconveniente pero ahora mismo no se me ocurre (salvo el sacrificio del que repite una y otra vez como miembro del tribunal).

Otras consideraciones.

Una cuestión de cierto enfrentamiento es la importancia de la antigüedad en la oposición. Para algunos, llegar tres veces al dictamen debe otorgar algún tipo de preferencia frente a los novatos. Para otros, quien haya suspendido 5 veces debería dejarlo ya.

A algunos les preocupa que el contenido del programa sea incompleto. Echan en falta informática, derecho laboral, inglés y quizás, ahora, topografía. A mí la inclusión de estas materias en el programa no me convence. ¿Es mejor saber inglés o conocer el derecho de sucesiones inglés? ¿Es mejor conocer los fundamentos del blockchain o dominar la tributación de la vivienda familiar? ¿Es mejor notario el que sabe interpretar coordenadas catastrales o el que está familiarizado con la contabilidad? Todo lo anterior me parece muy interesante y útil pero a base de incluir cosas en el programa puede desnaturalizarse el núcleo "notarial".

Para acabar, en posición minoritaria, aquellos que creen que además de orales y dictámenes deberían incluirse otro tipo de pruebas. Ya he dicho que a mí me parece buena idea el test. No soy partidario, sin embargo, de la entrevista personal ni de sumar puntos por méritos extra-opositoriles (másters, licenciaturas, experiencias laborales, etc.).

PS. Tenía el post preparado para publicar y justo veo que anoche en Transparencia Notarial hablaron del asunto http://transparencianotarial.es/la-reforma-de-las-oposiciones-libres-algunas-ideas/

martes, 10 de noviembre de 2015

La prueba de la manta, por Justito El Notario

Mi oposición comenzó el día 26 de septiembre de 1991 y terminó el día 29 de junio de 2002. No me quito ni un solo minuto de oposición y no me duelen prendas al decirlo. Firmé cinco convocatorias y me presenté a cuatro. Dos suspensos en el dictamen y una prueba de la manta son mi haber. En el debe, muchos agradecimientos y muchas vivencias que me han hecho como soy.

Después de mi primer y único suspenso en un examen oral de las oposiciones a notarías (e hice seis exámenes orales), acabé en el psicólogo.

Lo cierto es que estaba realmente mal, mis lecturas de referencia en aquella época eran Séneca y Ramón Sampedro (sí, Ramón, no José Luis, el de Mar adentro), había tocado fondo y MAC, mi preparador, ya no sabía qué hacer conmigo, ni qué decirme. La artillería pesada de frases y teorías típicas de la oposición ("los árboles no te dejan ver el bosque", "esta no era tu oposición", "esto es una carrera de obstáculos", "tú eres tu único enemigo", la teoría de la inercia de la silla y otras similares) no servían para nada, así que, aconsejado por mi padre (también notario), que tampoco sabía ya qué hacer conmigo, di (a regañadientes) con mis huesos en el psicólogo. El agua de Lourdes había dejado de hacerme efecto hacía tiempo, aún no conocía a la Madre Maravillas de Jesús (que me daría para contaros otra historia) y la química (de la que también podría hablar otro rato) me daba mucho miedo, así que no me quedaba otro remedio: tenía que ir al psicólogo o dejar la oposición, cosa que no quería hacer.

Una tarde me fui a la clínica y allí me encontré con un tipo de mirada penetrante, en plan faquir o Supermán haciendo de las suyas, que consideró que mi trastorno tendría solución en una docena de sesiones. Así que, sentado en una silla (nunca he llegado al diván), empecé a largar y a rajar de mí y de todos aquellos que, a mi juicio, eran causantes de mi vida desastrosa. Al rato, el psicólogo me dijo "espera un momento, que voy a coger una cosa". Regresó al poco con una manta astorgana o de la Renfe y me la echó por la cabeza, remetiéndomela por los muslos y las nalgas. Y se hizo el silencio. Yo no decía nada y el psicólogo tampoco. “Qué calor hace aquí”, pensaba yo. “¿De qué va esto?”, continuaba pensando. Al rato (no se cuánto, perdí la noción del tiempo), levanté un brazo, me quité la manta y dije: "¿pero qué coño es esto?". El psicólogo comenzó a aplaudir. Por lo visto, había superado la prueba de la manta. No quería escuchar mis quejas y lamentaciones, quería que tomara medidas en mi vida, con la oposición, con aquellos que me hacían sentir mal, que reventara de una vez, pero que no viviera de aquella manera.

La prueba de la manta, las restantes once sesiones, unas técnicas relajatorias y, en un principio, la valeriana, en sustitución del agua de Lourdes, hicieron su efecto y, tras firmar y no presentarme a las oposiciones de Sevilla del 96-97 (un par de años en blanco nada menos), me presenté a las de Madrid 99 y me planté en el dictamen. Suspendí aquel maldito dictamen (y esta también es otra historia), pero no olvidaré la prueba de la manta que, junto con otras muchas cosas, hizo que hoy pueda contaros esto aquí.

A veces pienso que tal vez me haga falta que me hagan otra prueba de la manta.

Gracias a Marcos por la oportunidad de dirigirme a todos a través de su blog y hasta otra. Un abrazo.

Justito El Notario @justitonotario

martes, 3 de noviembre de 2015

Temas de Mariño Pardo

Por casualidad encuentro en internet que Francisco-Manuel Mariño Pardo, notario de Foz (Lugo) y autor del blog Iuris Prudente (que consulto con frecuencia) tiene sus temas, e incluso algunos temas nuevos para el programa 2015, colgados en este enlace.

La fuente es inmejorable.